Entre escombros y áreas inundadas, bomberos y voluntarios retomaron las labores de rescate en el sureste de Brasil, buscando a 14 personas consideradas desaparecidas tras las torrenciales lluvias. Con 54 fallecidos y más de 5.000 desplazados, las fuertes precipitaciones causaron estragos en municipios como Juiz de Fora y Ubá. Se declaró estado de calamidad en Minas Gerais, añadiendo esta tragedia a una serie de desastres climáticos vinculados al calentamiento global. En 2024, un grave desbordamiento provocó más de 200 muertes y dos millones de afectados, catalogado como una de las peores catástrofes naturales de la historia de Brasil.




